333 personas pidieron en 2023 el procedimiento de Segunda Oportunidad
Esta vía, que permite que las personas se sometan a un concurso como las empresas —que en 2016 solo tuvo 5 solicitudes—, es cada vez más conocida.
GABRIEL GONZÁLEZ – Pamplona
Hace ocho años, solo 5 personas acudieron al juzgado en Navarra para que se les exonerara de sus deudas del mismo modo que se hace con las empresas en concurso de acreedores. Por entonces, en 2016, la Ley de Segunda Oportunidad daba sus primeros pasos y apenas era conocida. Poco a poco, esto ha ido cambiando y, en el último año, los concursos presentados por personas físicas no empresarias han aumentado un 173 %, al pasar de los 122 procedimientos incoados en 2022 a los 333 del año pasado, según datos del Consejo General del Poder Judicial.
La abogada tudelana María Gracia Iribarren Ribas, una de las pioneras de este procedimiento en España, apunta que uno de los motivos de esta subida es que el procedimiento es cada vez más conocido. También ayuda que la nueva ley, que lleva los casos por los juzgados de lo Mercantil, haya habilitado un cauce más ágil para aquellas personas que no tengan nada que liquidar. Alberto García Martínez, experto de la asociación Ayuda al Endeudamiento, también resalta la vía abierta por lo Mercantil, porque son juzgados “más especializados”.
Sobre los perfiles: a los empresarios y autónomos que se vieron salpicados por la crisis con avales inasumibles o personas que fueron despedidas y no pudieron hacer frente a sus hipotecas, se han unido aquellos que se han visto superados por el incremento del euríbor.
Todos ellos deberán enfrentarse al mismo itinerario. Con la nueva legislación, de entrada, ya no es necesario un intento de mediación con los acreedores privados. Hasta hace poco sí se exigía ese intento de acuerdo previo, para demostrar que había buena fe.
EL NEGOCIO DE SUS PADRES ESTABA A SU NOMBRE – DEBÍA 70.000 EUROS
“Estaba muy ahogado y la pelota se iba haciendo cada vez más grande”
Reconoce que ha llorado bastante, que ha tenido que pedir dinero a sus amigos, que psicológica y emocionalmente lo ha pasado muy mal, y que en estos cuatro años ha madurado a marchas forzadas. “Estaba muy jodido, y ahora estoy mejor que nunca”.
Este joven ribero de 26 años cuenta cómo el hecho de que sus padres pusieran un local de hostelería a su nombre, unido al cierre por la covid-19, lo llevó a una situación de ruina: de repente, empezaron a embargarle parte del sueldo para devolver una deuda que llegó a superar los 70.000 euros. “Yo empecé a trabajar en junio de 2020 y los dos primeros meses los cobré bien. Luego ya empezaron a embargarme 700 euros cada mes. Y vivía solo, tenía que pagar el piso, los gastos… aquello me generaba mucho estrés, me agobiaba mucho”.
Por aquella época eran frecuentes “las malas palabras” con sus padres —con los que ahora se lleva mejor que nunca— por una precariedad que él no había generado. “Entre el embargo y los gastos fijos, me quedaban 200 euros para pasar el mes. Estaba muy ahogado porque no había forma de salir y la pelota se iba haciendo cada vez más grande…”.
Buscó asesoramiento legal por internet, pero aquello no funcionó. “Lo hice así porque me daba vergüenza reconocer mi situación. Pero pedían mucha documentación, era complicado, y todo eran peros”. Hasta que un conocido le animó a “quitarse las vergüenzas” y le recomendó a su actual abogada, María Gracia Iribarren. Así empezó a ver la luz.
Inició el procedimiento de Segunda Oportunidad y en un año prácticamente le han exonerado de una deuda de 70.000 euros en el juzgado. Le queda por pagar la deuda pública, para lo cual ha llegado a un acuerdo de pagos bastante cómodos con la Seguridad Social. Y ya puede disfrutar de su sueldo íntegro.
GANADERO JUBILADO – DEBÍA 200.000 EUROS
“No podía con las deudas, lo di todo y ahora empiezo a vivir”
Pide anonimato y, cuando se le pregunta cómo quiere figurar en este texto, responde: “Un ganadero jubilado que no podía con las deudas y que gracias a la Segunda Oportunidad lo dio todo y puede empezar a vivir”.
A sus 66 años, recuerda que hubo un tiempo en el que el negocio iba “de maravilla”. Incluso obtenía beneficios con los que iba amortizando las inversiones. Pero tres infortunios sanitarios —por los que tuvo que sacrificar buena parte del ganado— y una subida notable en el precio del pienso lo llevaron a una espiral que solo lo hundía más y más en la ruina. “Cuanto más trabajaba, más dinero perdía. Por poner un ejemplo: si a mí el ganado me costaba dos euros, lo vendía a 1,80”.
Durante unos cuatro años fue vendiendo patrimonio para ir tirando. “Con eso tirabas y pensabas que al año siguiente todo iba a ir mejor. Pero te gastabas eso, pasaba el tiempo y todo seguía igual. Los intereses te comían. Y te vas metiendo, te vas metiendo…”.
